Las Leónidas son una de las lluvias de meteoros más famosas del mundo debido a un comportamiento muy poco común.
En algunos años presentan actividad moderada.
Pero aproximadamente cada 33 años pueden transformarse en auténticas tormentas meteóricas con miles de meteoros visibles por hora.
El fenómeno ocurre porque la Tierra atraviesa restos dejados por el cometa Tempel-Tuttle.
Cada vez que este cometa pasa cerca del Sol libera partículas de polvo y pequeños fragmentos rocosos que quedan distribuidos a lo largo de su órbita.
Cuando nuestro planeta cruza esas regiones, los fragmentos ingresan a la atmósfera terrestre a velocidades cercanas a los 70 kilómetros por segundo.
Eso convierte a las Leónidas en algunos de los meteoros más rápidos observables desde la Tierra.
La enorme velocidad provoca destellos intensos y largas trazas luminosas.
Algunas incluso dejan rastros brillantes visibles durante varios segundos.
Las Leónidas reciben su nombre porque los meteoros parecen surgir desde la constelación de Leo.
Ese punto aparente se llama radiante.
Sin embargo, los meteoros pueden aparecer prácticamente en cualquier zona del cielo.
Las tormentas más famosas ocurrieron en 1833 y 1966.
En algunos lugares se observaron decenas de miles de meteoros por hora.
El fenómeno fue tan impresionante que muchas personas creyeron estar presenciando el fin del mundo.
Hoy los astrónomos pueden predecir bastante bien la actividad de las Leónidas gracias al estudio orbital del Tempel-Tuttle y de las corrientes de partículas dejadas por el cometa.
Observar esta lluvia de meteoros también permite entender algo importante sobre el sistema solar.
El espacio interplanetario está lleno de material antiguo.
Cada meteoro visible es un pequeño fragmento de roca o polvo viajando alrededor del Sol desde hace muchísimo tiempo.
Cuando finalmente entra en la atmósfera terrestre, libera energía en forma de luz y calor antes de desintegrarse por completo.




